

Por personalidad entendemos las formas particulares de interaccionar en el contexto físico, social y convencional; tales formas o patrones de conducta son relativamente estables en el tiempo. La terapia tradicional y con ella, la clasificación diagnóstica del DSM, han categorizado como trastornos de la personalidad lo que nosotros entendemos como 'estilos personales de interacción', formas diferentes de comportarse, con cierta consistencia en situaciones similares, es decir, formas de ser, no patologías ni trastornos. Algunas de las quejas más frecuentes en estos casos son: "casi siempre interpreto las intenciones de los demás como agresivas o amenazantes", "me siento indiferente ante la mayoría de las personas que me rodean", "me resulta difícil expresar emociones", "pienso y hago cosas que suelen considerarse raras", "no puedo dejar de llamar la atención", "tiendo a reaccionar de forma muy impulsiva (no me puedo controlar)"....
De todos los trastornos de personalidad que el DSM recoge, si merece nuestra atención el denominado 'trastorno de personalidad límite' (TPL), dadas las tremendas consecuencias negativas que tal conjunto de comportamientos acarrean a la persona y a su entorno. Si bien, desde la terapia de conducta se ha avanzado en el tratamiento del TPL. Tales avances estarían de la mano de Linehan (Terapia Dialéctica) y de la Terapia Conductual Clásica.
Tradicionalmente, los denominados 'trastornos de personalidad' se han clasificado según el DSM en: