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Habilidades Sociales

 

 

Las habilidades sociales son conductas, pensamientos y emociones que nos ayudan a mantener relaciones satisfactorias con otras personas. Es decir, facilitan sacar el máximo partido a los contactos sociales y al mínimo coste. Su importancia viene por la gran contribución del ámbito social en nuestra calidad de vida. Ser socialmente hábil comprende los siguientes componentes:

 

  • - la comunicación verbal y no verbal
  • - rechazar y aceptar peticiones
  • - resolución de conflictos interpersonales
  • - respuesta eficaz a las críticas o comportamiento irracional de otras personas.

 

Cuando hablamos de asertividad o comportamientos asertivos, nos refierimos a aquellas conductas que consiguen defender nuestros derechos y respetar los de los demás.Una persona asertiva:

 

  • 1. Se conoce a sí misma incluyendo sus preferencias e intereses
  • 2. Se acepta incondicionalmente independientemente de la opinión de los demás
  • 3. Sabe manejar sus sentimientos y los de los demás
  • 4. Acepta sus limitaciones y se esfuerza en conseguir lo que desea sin exigirlo
  • 5. Se considera responsable de su vida y de lo que siente
  • 6. Se respeta y valora a sí misma y a los demás
  • 7. Puede comunicarse de forma directa, sincera y adecuada
  • 8. Expresa sus emociones sin esperar que los demás los adivinen

 

Finalmente,el autocontrol emocional se refiere al conjunto de estrategias que posibilitan una respuesta adecuada al estrés controlando nuestras emociones.

 

La vida está sembrada de altibajos, pero nosotros debemos aprender a mantener el equilibrio. En última instancia, en las cuestiones del corazón es la adecuada proporción entre las emociones negativas y las positivas la que determina nuestra sensación de bienestar. Esto es, al menos, lo que nos indican ciertos estudios sobre el estado de ánimo en los que se distribuyeron "avisadores" -aparatos que sonaban aleatoriamente- a cientos de mujeres y de hombres, con la función de recordarles que debían registrar las emociones que estaban experimentando en aquel mismo instante. No se trata, pues, de que, para ser felices, debamos evitar los sentimientos angustiosos, sino tan sólo que no nos pasen inadvertidos y terminen desplazando a los estados de ánimo más positivos. Aun quienes atraviesan episodios de enojo o depresión aguda disponen, a pesar de todo, de la posibilidad de disfrutar de cierta sensación de bienestar si cuentan con el adecuado contrapunto que suponen las experiencias alegres y felices.

 

Llegar a dominar las emociones constituye una tarea tan ardua que requiere una dedicación completa y es por ello por lo que la mayor parte de nosotros sólo podemos tratar de controlar -en nuestro tiempo libre- el estado de ánimo que nos embarga. Todo lo que hacemos, desde leer una novela o ver la televisión, hasta las actividades y los amigos que elegimos, no son más que intentos de llegar a sentirnos mejor. El arte de calmarse a uno mismo constituye una habilidad vital fundamental, y algunos intérpretes del pensamiento psicoanalítico, como, por ejemplo, John Bowlby y D.W. Winnicott consideran que se trata del más fundamental de los recursos psicológicos. En teoría, los niños emocionalmente sanos aprenden a calmarse tratándose a sí mismos del modo en que han sido tratados por los demás, y es así como se vuelven menos vulnerables a las erupciones del cerebro emocional

 

 

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