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Adicciones

 

 

Adicción a sustancias o drogodependencias

 

Nuestro modelo incluye la curiosidad, como una variable de riesgo independiente, y la exposición a modelos que emplean la droga como recurso de afrontamiento como un factor que se sumaría al efecto del estrés como elemento de riesgo. En lo que se refiere a los factores de protección, añadimos las redes de apoyo social, la presencia en el repertorio conductual de los individuos de comportamientos incompatibles con el consumo de drogas y la exposición a modelos que no utilizan la droga como estrategia de afrontamiento.


La evidencia empírica ha demostrado que las conductas de uso y abuso de drogas no dependen de un factor aislado, sino que están originadas y mantenidas por diversos factores de naturaleza multidimensional. Desde este punto de vista, el consumo o rechazo de drogas vendría explicado por los efectos de las sustancias, los factores contextuales y la vulnerabilidad del propio sujeto.

 

Las variables incluidas bajo la denominación de contexto (estímulos esteroceptivos e interoceptivos) vendrían dadas desde los modelos de aprendizaje clásico y operante, y se combinarían con las variables reforzadoras identificadas bajo consecuencias. La conducta incluiría tanto los comportamientos relacionados con el consumo de drogas, como el rechazo de las sustancias y la resistencia a consumir. La vulnerabilidad o susceptibilidad incluye factores genéticos, las influencias socioculturales y la historia de aprendizaje (Secades-Villa y Fernández-Hermida, 2003). Un conocimiento completo de la conducta adictiva requerirá también un análisis funcional que explique las relaciones entre estos elementos.

 

Las contingencias asociadas a las conductas de uso o abstinencia a las drogas juegan un papel determinante en la explicación de las mismas. Existe una amplia evidencia empírica de que las drogas pueden funcionar eficazmente como reforzadores positivos de las conductas de búsquedas y auto-administración y de que los principios que gobiernan otras conductas controladas por reforzamiento positivo son aplicables a la auto-administración de drogas.

 

La dependencia física puede ser importante a la hora de explicar el consumo de drogas, pero no es un factor necesario para las conductas de auto-administración y tampoco es suficiente por sí misma para explicar el uso y abuso de drogas. Es decir, se puede asumir que las drogas son reforzadores positivos, independientemente del síndrome de abstinencia y de la dependencia física.

 

Un número importante de los estudios de laboratorio han tenido como objetivo examinar la influencia de reforzadores alternativos (diferentes a las drogas) sobre la preferencia y la elección del uso de cocaína. Los resultados de estos estudios demostraron una cierta maleabilidad del efecto reforzante de la cocaína, la cual podía debilitarse en función del reforzador alternativo.


En esta misma línea, un área de investigación emergente sugiere que los adictos a sustancias tienden a rebajar el valor de los reforzamientos demorados y la importancia de los reforzadores perdidos, en mayor medida que los no consumidores; de tal manera que los adictos muestran mayor preferencia por: a) los reforzadores más inmediatos y de menor magnitud que por los más demorados y de mayor magnitud y b) las pérdidas (castigos) más demoradas y de mayor magnitud que por los castigos más inmediatos y de menor magnitud (Bickel y Marsch, 2001).

 

Otro factor fundamental para entender las conductas de uso de drogas es el papel de la demora temporal. En el contexto natural, los individuos con frecuencia eligen entre consumir drogas en el presente frente a abstenerse y experimentar las consecuencias positivas en el futuro. Los estudios de laboratorio demuestran como la demora temporal disminuye la potencia del reforzador alternativo para competir con las consecuencias reforzantes inmediatas del uso de drogas.

 

Adicción al juego o juego patológico

 

La transacción es imperceptible como en todas las adicciones, pudiendo llegar el momento, en que el juego no es una diversión sino un problema con numerosas repercusiones sobre la persona y su entorno.


Una vez generado el problema, la dependencia prospera y se perpetúa por la concurrencia de mecanismos derivados de la propia dependencia, constituyendo lo que Van Dijk denominó como círculos viciosos de la dependencia, entre los que pueden distinguirse: los psicológicos (frustración al reincidir, pérdidas progresivas de dinero, adquisición de la identidad de jugador), los socio-ambientales (el adicto frecuenta cada vez más los círculos relacionados con el juego; los estímulos medioambientales del juego adquieren para el jugador propiedades incitadoras por mecanismos asociativos y el entorno social le adjudica el rol de jugador, que espera que desempeñe) y los tóxicos, que en este caso serían endo-tóxicos, generados por los fenómenos de la tolerancia y de la abstinencia, ya que a la luz de los conocimientos actuales sobre endorfinas y neuro-moduladores, es verosímil que en todas las adicciones existan mecanismos de sustancias externas y otros regulados por endorfinas.

 

El juego de azar patológico es el resultado de un aprendizaje consolidado por refuerzos positivos sucesivos intermitentes -programa de razón variable- el programa más efectivo para mantener la tasa de respuesta y de más difícil extinción. La conducta del juego patológico se aprende, lo mismo que una variedad de otras conductas. El refuerzo (ganar) puede conseguirse por la respuesta de apostar en sucesivas ocasiones o en ocasiones espaciadas (Wolkowitz, 1985). La secuencia en que los refuerzos se van a suceder es imprevisible , es decir, el jugador no puede saber cuando su apuesta va a resultar un éxito y cuando un fracaso. Además esta secuencia es irregular, de manera que varios juegos consecutivos pueden ir seguidos de refuerzo, mientras que después el jugador habrá de emitir una gran cantidad de respuestas sin ser reforzadas, hasta que finalmente abandone su "mala racha" o gane. Este tipo de refuerzo intermitente, implicado en los juegos de azar, es sumamente efectivo a la hora de mantener una conducta, particularmente elevada.

 

Para Zuckerman (1983) las diferencias individuales estarían relacionadas con la capacidad de disfrutar de la vida, así como la intensidad en experimentar la diversión. Los altos buscadores de sensaciones necesitan niveles superiores de estimulación y excitación que los bajos buscadores de sensaciones. Por lo que se supone la existencia de una relación entre el juego patológico y la búsqueda de sensaciones.


Otra toería alternativa sería que el modo de jugar esté bajo "control de estímulos". McConaghy (1983) propone que los estímulos asociados regularmente con el acto de jugar, adquieren la capacidad de actuar como refuerzos condicionados a ese comportamiento.

 

El juego patológico es el resultado de un aprendizaje consolidado por refuerzos positivos sucesivos (dinero, activación...) y de refuerzos negativos (reducción de la ansiedad o depresión), así como de factores ambientales que favorecen la adquisición del problema (disponibilidad, familiaridad, aprobación social).

 

Adicción al trabajo

 

Como en el caso de la adicción a internet, se trata de un fenómeno de reciente aparición. Los síntomas o comportamientos más característicos son los siguientes: Exceder, de forma sistemática el horario regular de trabajo e incluso te sientes mal o culpable si sales a la misma hora que los demás; atender con frecuencia (casi todos los días) asuntos del trabajo en casa: llevar tareas del trabajo para hacer en casa, recibir llamadas del trabajo, etc.; limitar los contactos sociales a compañeros de trabajo (en su mayor parte); durante el periodo de vacaciones, pasar la mayor parte del tiempo pensando y/o preocupado por asuntos del trabajo; tener la sensación de falta de tiempo para finalizar las tareas del trabajo, y/o que el trabajo te requiere constantemente; y reducir los temas de conversación a asuntos de trabajo.

 

Adicción al sexo

 

La adicción al sexo es un de las adicciones más negadas en nuestra cultura. Muchas veces se racionaliza la conducta compulsiva sexual, especialmente la masculina, esperando con esto minimizarla o diluir el sufrimiento que se produce en una persona o una familia donde existe la adicción sexual. No toda desviación sexual es una adicción, pero el uso del sexo como sustituto de las relaciones sanas con los demás, es un síntoma del desorden adictivo sexual. Se manifiesta, tal como la hacen otras adicciones, a través de un patrón de descontrol en la conducta sexual, alternados con períodos de relativa calma. El pensamiento obsesivo sexual y las fantasias sexuales se hacen cada vez más necesarias para lidiar con los problemas de la vida diaria (adicciones.org).

 

Adicción a Internet o al Chat


Se trata de una situación clínica nueva respecto a la cuál no existe aún suficiente literatura científica al respecto. En un intento por ofrecer parámetros para delimitar cuándo un caso puede ser considerado objeto de atención clínica. Según Young, se podría considerar la presencia de adicción si se responde afirmativamente a 5 o más de los siguientes síntomas:


¿Te sientes preocupado con Internet (pensamientos acerca de la última conexión o anticipas la próxima sesión)?
¿Sientes la necesidad de incrementar la cantidad de tiempo de uso de Internet para lograr la satisfacción?
¿Ha hecho repetidamente esfuerzos infructuosos para controlar, reducir o detener el uso de Internet?
¿Se ha sentido inquieto, malhumorado, deprimido o irritable cuando ha intentado reducir o detener el uso de Internet?
¿Se queda más tiempo conectado de lo que inicialmente había pensado?
¿Ha perdido o puesto en peligro alguna relación significativa, trabajo, oportunidad educativa o profesional debido al uso de Internet?
¿Miente a su familia, terapeuta u otros para ocultar su grado de implicación con Internet?
¿Usa Internet como un medio de evadirse de los problemas o de aliviar un estado de ánimo disfórico?

 

Adicción a las compras

 

La adicción a las compras está empezando a tomarse muy en serio desde la publicación del Informe Europeo sobre Adicción al Consumo, según el cual, cerca del 33% de los europeos perciben serios problemas a la hora de ir de compras. Según los datos ofrecidos, este problema es más frecuente en las mujeres. A pesar de que comprar es una actividad muy normal para la mayoría de la gente, para algunas personas se convierte en un impulso incontrolable que provoca serias consecuencias y llegando a gobernar sus vidas. Como resultado de la falta de control sobre las compras, pueden aparecer serios problemas económicos, deterioro de las relaciones interpersonales, etc. Por lo que se recomienda consultar a un profesional.

 

Los síntomas o características principales de este problema son los siguientes: Sentir que se hacen gastos sin necesidad, arrepentirse de haber comprado o ser criticado habitualmente por gastar demasiado; comprar más cuando se está más triste, a veces como forma de sentirse mejor; falta de control sobre la cantidad de dinero que se gasta y/o sorprenderse de las compras realizadas por uno mismo al ver los extractos de las tarjetas al final de mes; no poder evitar comprar más de lo que se necesita y/o ser consciente de que se compra más de lo que se necesita; obsesionarse con comprar lo que a uno le gusta.

 

 

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