La familia es un sistema formado
por personas unidas por relaciones de alianza y/o lazos de consanguinidad,
que comparten determinados mitos (creencias sobre el mundo o sobre
cómo interpretarlo) y reglas que se han establecido como resultado
de la interacción entre los miembros. El resultado es un modo de
organización único para cada familia. Se trata de un sistema abierto
y dinámico, es decir, en continua transformación.
Una familia estable requiere de límites lo bastante definidos como
para que cada miembro pueda desarrollar sus funciones y, además,
permitir el contacto con el resto de los miembros. Por otro lado,
más tarde o más temprano siempre aperecen crisis, es decir, momentos
en los que se hace necesario cambiar, ya sea en un sentido o en otro.
Por ejemplo, la entrada o salida de cualquiera de los miembros en
una etapa como el nacimiento, adolescencia, madurez y/o vejez, conlleva
cambios importantes a los que la familia ha de reajustarse. Lo que
sucede generalmente es que en los momentos de crisis, las reglas y
roles se confunden al tener que reorganizarse y por ello, surgen los
conflictos. En general, las familias tienden a responder a las crisis
demorando el cambio o evitándolo.
Hoy en día, las posibilidades en la organización familiar se han
multiplicado. A la familia convencional compuesta por marido, mujer
e hijos de ambos, se le han sumado nuevas modalidades familiares:
familias de dos adultos con un hijo biológico de uno sólo de los
miembros, varios hijos criados por los dos adultos, pero con otros
adultos que no son los mismos, etc. Podemos decir que la definición
de los límites establecidos por la familia tradicional se han relajado
siendo más imprecisos. Algunas de las nuevas modalidades familiares
son las siguientes:
Familias compuestas por un solo progenitor: generalmente mujeres separadas, divorciadas o viudas responsables del cuidado de sus casas y crianza de sus hijos, en algunos casos, hasta la adultez de estos. En algunos casos se une a otra persona sin hijos.
Familias compuestas por personas del mismo sexo: pueden ser dos
personas solteras o casadas sin hijos o un miembro separado o divorciado
con hijos que se une a otra.
Familias compuestas por miembros de diferentes grupos étnicos y/o religioso.
Problemas
Infantiles
Hoy en día, nos encontramos con multitud de trastornos que afectan
a nuestros hijos. Los niños sufren y expresan su malestar de una
determinada manera. Algunos niños silenciosos e inhibidos pueden
estar pasando por una depresión, otros en cambio necesitan un movimiento
constante para enfrentarse a sus tensiones. Cada niño es un ser individual
y único, con una manera única de expresarse. Una intervención adecuada
requerirá reconocer su individualidad.
Los problemas objeto de atención con más frecuencia en nuestros centros son los siguientes:
Dificultades del aprendizaje. El éxito en el ámbito académico exige el desarrollo al máximo de la memoria, técnicas y hábitos de estudio, organización del tiempo, etc.
Hiperactividad. Los contextos educativos exigen como
condición sine qua non para sus alumnos permanecer quietos y, en
cierto grado, pasivos durante el periodo lectivo. Se trata de una
exigencia difícil de satisfacer por muchos niños y adolescentes
dadas las características propias de su estilo personal y de su
condición biológica.
Rabietas y actitud negativista-desafiante. El manejo
de las rabietas, de la "manía de llevar la contraria",
de criticar todo aquello que puede hacerse incluso por su bien,
es una de la quejas más habituales en nuestros centros y, en la
inmensa mayoría de los casos, las más sencillas y rápidas de
solucionar.
Enuresis. Consiste en la micción incontrolada que persiste
o que vuelve a aparecer en niños sin problemas físicos. Ocurre
generalmente durante el sueño aunque a veces sucede sólo también
durante el día. Ya que existen diferencias individuales en el ritmo
en el que cada niño adquiere el control total sobre los esfínteres,
no se diagnostica enuresis antes de los 5 años de edad. De hecho,
en la mayoría de los casos puede resolverse por sí solo.
Problemas
de Pareja
La convivencia en pareja implica un contexto de constante negociación
por las dos partes. Implica generosidad por una de las partes en determinados
momentos, gratitud por el otro miembro de la pareja y viceversa. Sin
embargo, todas las parejas son susceptibles de pasar por momentos
de crisis. En ocasiones, factores como el cansancio, el estrés, los
problemas laborales, familiares o económicos, agravan cualquier situación
problemática. En muchos casos, la convivencia se convirte en una
sucesión de respuestas agresivas o fuera de tono, silencios y reproches
continuos. Esto sucede incluso cuando ninguna de las partes considera
romper la pareja. En estos casos, la ayuda de un profesional puede
ser determinante para poner en marcha un plan que maximice las probabilidades
de superar la crisis con éxito.
La experiencia nos enseña que la tendencia natural de las parejas lleva
a culpabilizar al otro miembro de la pareja, asumir un papel de víctima
y poner distancias y barreras a la comunicación. Quizás por ello,
las crisis de pareja sean la tercera causa de visita al psicólogo
en España, después de las consultas por problemas de ansiedad y
depresión. La terapia de pareja es eficaz incluso cuando uno solo
de los miembros de la pareja acude a consulta ya que la modificación
de su comportamiento de forma planificada redundará en el cambio
en el comportamiento de la pareja llegando así, a recuperar un punto
de armonía en la relación. Incluso a los problemas más asentados
y profundos de la pareja subyacen principios de conducta esencialmente
simples que pueden ser modificados.